Cuando no hay cuento pero sí hay pesadilla: La noche del 12.

 



Te lo anuncian y, aún así, te aferras a que el final sea otro: este crimen está dentro de ese 20% de asesinatos que se quedan anualmente sin resolver en Francia. Necesitas creer que hay esperanza...

No me gusta saber demasiado de la historia que narra la película antes de ir a verla, demasiadas sinopsis me han destrozado argumentos y aniquilado toda sorpresa. No sabía nada de la historia que iba a mostrarme la pantalla. La primera escena fue desgarradora, más cuando sumas que tienes una hija joven cuyo nombre es Clara y tiene todo el derecho del mundo a vivir con libertad plena en una sociedad que le permita sentirse segura. 

En la película hay muchos aspectos destacables. La interpretación es soberbia y sobria, los personajes están bien definidos y con escasas pinceladas te muestran aspectos complejos de la personalidad humana, los encuadres geométricos de las escenas destacan la trama, las conversaciones corales transmiten realidad cotidiana, hay mucho más... Cada una de estas cualidades merecerían varios párrafos pero me voy a quedar con lo que muestra la película sobres las relaciones que todavía se establecen entre hombres y mujeres.

La víctima es una mujer muy joven, hace una vida cómo la de tantas otras personas de su edad, tiene amigas, unos padres que conviven con ella que la aman pero que terminan sabiendo poco de lo que le sucede aunque tenga una buena relación, sale con chicos y no se complica por establecer o no hacerlo vínculos duraderos con ellos.

Cuando se produce el crimen comienza la investigación sobre sus hábitos y su entorno, ahí comienzan las preguntas y de algún modo, siguiendo un camino muy sutil el cuestionamiento sobre la conveniencia de su vida personal, en concreto si decidía "demasiado a la ligera" tener relaciones sexuales y con quien.

Hay momentos en los que la palabra de algunos de los hombres a los que se interroga que afirman tener relaciones con ella ni se cuestiona, se da por hecho que su afirmación es suficiente y que eso ha sucedido, y si darse cuenta hasta los policías se dejan impregnar por el mensaje subliminal de: tal vez si ella hubiese tenido más cuidado esto no le habría pasado. Duele observar cómo ese mensaje se va haciendo hueco en el entorno, e incluso me atrevo a decir que entre alguno de los espectadores. Algún susurro se escapó por la sala.

Es Nani, su mejor amiga, la que recuerda al investigador que está absolutamente entregado a la investigación, Capitan Yohan, que la víctima es Clara y que el culpable es quien la mato.

Durante la película hay otros momentos en los que se deja entrever que hay residuos todavía comportamientos que empañan la relación de igual a igual entre hombres y mujeres. Cuándo lo primero que preguntan cuando el capitán conoce a la juez de instrucción "¿Es guapa?". No si es eficiente, no si va a apoyarles... preguntan por su físico. O cuándo hay una nueva incorporación a la comisaría es una mujer (inicialmente en todo el grupo no había ninguna, en una de las conversaciones confiesa que se incorporó a esa unidad porque eran "los menos racistas" (supongo que incluyendo el hecho de aceptar mujeres en el equipo)

Maravilloso el contrapunto del personaje de Marceau con capacidad a amar a su esposa a pesar de no estar atravesando una situación convencional ajustada parámetros establecidos. Ojalá hubiese más semejantes con esa capacidad de aceptación y empatía. Con sus contradicciones, él también las tiene y las muestra, pero prevalece por encima de estar etiquetado cómo bueno o malo, la complejidad que conforma a todo ser humano.

Y por supuesto el final que, como bien nos anuncian, no se resuelve cerrando la trama. Aunque todavía hay esperanza, podemos aceptar que habrá sucesos dolorosos que permanecerán sujetos a nuestra memoria y, aún así, salir de la rueda del hámster que a veces es la vida y ascender a la luz del sol, rodeado de la belleza del entorno, por una pendiente sintiéndonos en plenitud a pesar de la dificultad del reto. 


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http://klartelera.blogspot.com/


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